La Inmigración vista por Salah Jamal
La inmigración La inmigración es uno de los debates sociales más vivos que se han suscitado en nuestra sociedad en los últimos años. El tema aparece de las formas más diversas en los informativos, bien sea por un velo en una escuela, por los atracos en Ciutat Vella, por los vecinos que se quejan de una mezquita, por las dificultades de encontrar vivienda o por los "sin papeles" que no encuentran trabajo. Los informativos hablan mucho de diferencias y de problemas, pero poco de cosas comunes y de soluciones. Se acostumbran a referir a los efectos colaterales que el fenómeno provoca, pero poquísimo a lo que es la inmigración en sí, una palabra que el diccionario resume como la acción de "formar nuevas colonias o domiciliarse en las ya formadas". Así que hemos buscado a un médico e historiador palestino (Salah Jamal)- para que nos expliquen qué está pasando -y, sobre todo, qué nos está pasando- con la inmigración. A Salah Jamal tan pronto se le puede ver charlando sobre las excelencias del cuscús como disertando sobre el conflicto entre Palestina e Israel. Médico, historiador, escritor, conferenciante, tertuliano... Llegó a Barcelona por casualidad hace más de treinta años y aquí se ha quedado. Provocador y afable, dice que aquí nunca se ha sentido rechazado. "Es que siempre voy vestido con ropa de marca", aclara con ironía. Asegura que el problema de los inmigrantes no es el color de su piel, sino cuán llenos tengan los bolsillos. Un ejemplo claro es que a nadie le importa que un jugador del Barça tenga la piel muy morena. ¿Cuál es su experiencia como inmigrante?Llevo 33 años viviendo aquí y aún me llamas inmigrante. ¿Después de tanto tiempo me consideras un inmigrante? ¡Collons!, que llevo en Cataluña más años que Tarradellas. Ahí, ahí está el problema: por tener otro color de piel o un nombre no catalán, la gente nunca deja de pensar que eres inmigrante, aunque lleves aquí toda la vida. Siempre serás uno que ha venido de fuera. Siempre. ¿Era muy diferente la Barcelona de los años setenta, cuando usted llegó, a la Barcelona de ahora? La gente era muy sencilla, modesta, muy receptiva y mucho más curiosa que ahora. En aquellos tiempos, la gente era pobre, porque sólo había los cuatro ricos que vivían en la avenida Pearson, y para de contar. Ahora, la gente piensa que es rica y europea pero, en el fondo, arrastramos un complejo de inferioridad que tenemos todos que hace que la vena más arrogante prevalezca sobre la modestia. Es como si quisiéramos esconder que éramos tercermundistas. Entonces, pierdes los estribos y actúas de manera irracional. ¿Por ejemplo?Hay un chiste de Forges que explica muy bien la situación que vivimos ahora. Se ve a dos hombres charlando y uno le dice a otro: "¡Qué suerte que tenemos los esclavos de hoy en día, que tenemos inmigrantes!" ¿Por la calle, le han reconocido muchas veces como a una persona diferente?Nunca, porque soy bastante blanco de piel y siempre he llevado ropa buena para no llamar la atención. Siempre llevo ropa de marca (ríe a carcajadas). No soy el prototipo de inmigrante; por eso no he sufrido en absoluto, porque no soy ni el prototipo físico ni económico. Y, si me apuras, ni de forma de ser.No le ha ido mal...No tengo ninguna queja, por la sencilla razón de que nunca he tenido problemas económicos, y eso es importante, porque las personas que sufren estando aquí es por falta de posibilidades, seas de donde seas. Si eres moreno y tienes dinero, no tendrás problemas. En el 99% de los casos es así. Los turistas árabes que van a veranear a Marbella son tratados como reyes. ¿No será también una cuestión de número? Cuando usted llegó apenas había inmigración. Está claro que impresiona ver tanta gente diferente por la calle. Antes, cuando veías a cuatro negros por la calle te hacían gracia porque eran exóticos. Yo me acuerdo de que en los años setenta tan sólo había un negro en Barcelona que estudiaba ATS, y todo el mundo lo miraba como si fuera Copito de Nieve, pero al revés. Era la atracción de la facultad. Pero cuando te llegan miles de personas de fuera, con la diversidad de comportamientos positivos y negativos, como los hay en todas las comunidades y en todas las personas, pues muchas veces la sociedad receptora está al acecho, está siempre pendiente del demagogo de turno. ¿A qué se refiere?A cuando una actitud negativa de un inmigrante se magnifica, se multiplica por 1.000, y si la misma actitud o acción es de un autóctono, pasa desapercibida. Cuando un inmigrante, por ejemplo, comete un asesinato, es como si hubiera cometido un holocausto; en cambio, si el autor es un nativo, se trata de un simple asesinato, y encima le buscan excusas, eximentes, como que sufría, que tenía problemas familiares, que tenía una enfermedad mental... Pero el inmigrante ni sufre ni tiene enfermedades psíquicas. A usted no le ha pasado nada parecido. Usted siempre ha sido bien recibido.Yo no tuve ningún recibimiento. Porque no se notaba nada, no era aquello de que viene alguien y lo recibimos bien y lo tratamos bien. No, en absoluto. Vida normal y corriente. Fui yo el que me fui introduciendo poco a poco y sin querer. Iba haciendo y sobre la marcha me di cuenta de que era uno más del país, y punto. ¿Cuándo o cómo se dio cuenta de que era uno más?Yo siempre me he dado cuenta de que no llamo la atención. Yo sólo me doy cuenta de que no soy de aquí cuando hablo con cualquier funcionario. Enseguida me doy cuenta de que él, con su actitud, me trata como a un extranjero. Y eso ocurre sólo cuando tengo que exhibir el DNI. Aunque mi DNI sea español, da igual. En cuanto ven el nombre, empiezan a hacer gestos extraños y te das cuenta que empiezan a elucubrar. Pero yo nunca siento que sea de fuera, si no fuese por esa actitud que percibo. ¡Claro! Llegas, hablas catalán, y cuando ven el DNI siempre me preguntan con sorpresa: "Pero, ¿es usted?" Yo no les entro en su chip, porque, en su cabeza, el inmigrante es un tipo de persona que viene en patera, y para ellos todos los inmigrantes vienen en patera. Eso refleja también la ignorancia del otro lado; más que ignorancia, es que tienen inculcado un chip. ¿Quién programa estos chips, estos estereotipos? ¿Los medios de comunicación?Son estereotipos viscerales e ideas que no ayudan a romper los estereotipos. No quiero acusar a nadie, pero ni los medios ni tampoco las instituciones de toda clase, desde la Policía a Marta Ferrusola, ayudan en nada. Por otro lado, en la sociedad hay gente dispuesta a ayudar, por eso hay tantos movimientos, ONG que quieren ayudar, asociaciones humanitarias. Lo que pasa es que con un titular de un diario se desmonta toda la historia. Es más efectista el titular negativo de un diario que el trabajo que realizan todas las ONG en un año. Con este panorama, ¡pobre del inmigrante que llegue hoy en día! Las veces que tengo la posibilidad de hablar con amigos y me piden consejo, yo siempre les digo que no se muevan de su país, porque esto no es el paraíso que piensan. Entonces ellos te contestan con una pregunta totalmente lógica: "¿Y por qué te has quedado tú y no has vuelto?" Simplemente te desarman y ya no sabes qué decir. Y el que te hace caso, estupendo, y el que no, pues ya se lo encontrará. ¿La gente no se acaba de creer que esto no es el paraíso?La gente, cuando se entera de que el que está aquí en el paro, sin trabajar, cobra más que un alto funcionario de su país, pues lo ve claro. "Yo me voy como sea y trabajo de lo que sea." Sabe que aunque trabaje de basurero vivirá bien y además podrá ayudar a su familia. ¿El precio que tienen que pagar es muy alto?Son jóvenes, tienen capacidad y están dispuestos a pagar ese precio. No les importa el trabajo, son capaces de trabajar quince horas al día y dormir con dieciséis personas en el mismo piso o pasarse toda la vida haciendo papeles. Pero cuando llegan lo que más les afecta es el comportamiento humano. El rechazo les mata, porque no lo entienden. Piensan: "Vengo aquí a buscarme la vida y la gente de aquí me lanza esas miradas tan despectivas, ¿pero qué más quieren que haga?, ¿qué he hecho yo?" Eso les rompe los esquemas, y es en ese momento cuando comprueban por ellos mismos que realmente aquí no se vive tan bien .¿Y qué pasa cuando también se dan cuenta de que sus tradiciones y su cultura no son muy bien vistas?Pues depende de la capacidad cultural o de la riqueza cultural que tenga cada uno. Yo, por ejemplo, eso no lo he sentido nunca, porque sé lo que es mi cultura, y si alguien me dice algo de mi cultura, yo sé que no tiene razón y no perderé el tiempo discutiendo obviedades. Yo sé cómo es mi cultura y sé lo que es la cultura de los otros, sobre todo la del entorno. A mí me hace reír la gente que habla de mi cultura o la gente que hace escalas de las culturas, cuál es la más alta o la más rica. Es una tontería. Todas las culturas son igual de respetables. El que no viene preparado se confunde enseguida, siempre está en guardia, cualquier cosa le ofende, pero a mí no me ofende nada. Yo me quito el sombrero ante una persona más culta y más preparada que yo. ¿Qué falta: información o respeto?Falta gente que sea educada, respetuosa. ¿Cuál es la cultura del primer mundo? Es una cultura muy fútil. Entre los que miran el fútbol, Tómbola y Operación Triunfo, tenemos a todo el país viendo la tele. ¿Qué se puede esperar?O sea, que nos salimos de aquí y se nos funde el chip.El problema es que el chip y el estereotipo que tenéis está preparado para el conflicto. Es decir, cualquier cosa fútil se magnifica. Un chador, un pañuelo, se magnifica tanto que la gente de aquí piensa: "Estos quieren imponer su cultura". Si la cultura europea es suficientemente fuerte, ¿cuatro tíos del Riff y del Atlas podrán imponer su cultura sobre una cultura fuerte? Si hay miedo, significa que esta cultura es una cultura de mierdecilla. Si se siente amenazada por cuatro agricultores que vienen del Riff, es que esta cultura es débil, no hay duda. Entonces el problema no son los tres campesinos del Riff, sino que el problema es de aquí, que tenemos una cultura de tres al cuarto. Es así: débil, insegura, amenazada. Amenazada, ¿por quién? ¿Por cuatro desgraciados analfabetos? Y si tienes miedo de que esta gente amenace tu cultura, haz funcionar las instituciones y aplica la ley a rajatabla. Y cuando un tío dice: "Mi hija se queda en casa porque no va a estudiar sin pañuelo", pues aplica la ley, aplica la ley del menor y no tengas miedo. Si tienes un sistema fuerte, no tengas miedo a aplicar la ley. Aquí somos expertos en montar un tinglado de padre y muy señor mío por las cosas más tontas. La niña que se ponga el chador o lo que quiera, ella misma dentro de tres años le dirá al padre: "Vete por ahí con el chador este". Lo estoy viendo continuamente con las niñas que visito en las consultas. Cuando tienen 13 o 14 años se desentienden del padre, del chador y de la religión. ¿Le gusta la palabra multiculturalidad?Yo no estoy de acuerdo con la palabra multiculturalidad, estoy de acuerdo con la de interculturalidad, me gusta más, y eso no quiere decir, ni mucho menos, que esté en la línea de Miguel Arzabundi, que atacaba la multiculturalidad. Yo estoy a favor de la interculturalidad, de que haya una mezcla entre las culturas, pero todas. No de la sumisión de una cultura a otra. No de someter la cultura del débil a la del fuerte: eso es dominación. Yo quiero interculturalidad y que, por ejemplo, los catalanes o los españoles -da igual- se enteren y lean libros de cultura negra, china, y viceversa. No se trata sólo de ir a un restaurante chino; comerse un rollito de primavera no es hacer cultura, eso es pasar el rato. La gente va al restaurante y se piensa que están haciendo cultura, y eso no es cultura; la cocina supone el uno por mil de la cultura. La cultura es algo más que un plato de falafel. ¿Algo así como ser cultos para ser más cultos?Yo creo que la base de la interculturalidad es la cultura de cada uno. Si uno no es culto partiendo de su cultura, no sabe recibir a la otra cultura. Ser culto es un mecanismo para recibir a la otra cultura. El que no es culto no sabe nada de su cultura y no recibirá a la otra cultura, porque no tiene instrumentos. ¿Qué le dicen las palabras "integración", "asimilación"?Yo no estoy a favor de la asimilación, estoy a favor de la integración. Pero también quiero la integración del nativo en la cultura del recién llegado. Hemos de llegar a la interculturalidad, a la integración total de los ciudadanos autóctonos y de los nuevos ciudadanos en una nueva sociedad. Entre unos y otros tenemos que crear una nueva sociedad que debe ser multicultural, porque conviven en ella muchas culturas. Pero todos los ciudadanos tienen que formar parte de ella, porque en la actualidad hay muchos barceloneses que no se enteran de que aquí viven miles de inmigrantes. De la Diagonal para arriba no se enteran de lo que hay de la Diagonal para abajo. Esas personas tampoco están integradas en la sociedad catalana; de verdad, porque cuando hay fiestas populares no participan, no están integrados. Y a mí me hace gracia que esa gente que no está integrada exija la integración de los inmigrantes. Porque me gustaría saber qué tanto por ciento de esa gente sabe bailar la sardana, por ejemplo. ¿Cree que lo que plantea es posible? Sí, pero si lo que quieren es la sumisión trufada con la bonita palabra integración, eso es una falacia. La integración de una persona es sentirse útil a la sociedad en la que vive. Cuando una persona no se siente útil en la sociedad, sea de donde sea, está marginada y no está integrada. Hay muchos barceloneses que por las noches están durmiendo a la intemperie en la calle Pelai, ¿esos están integrados?¿Qué hacemos los autóctonos para que la gente se integre realmente?Hay una buena voluntad, no nos engañemos. Lo que pasa es que no se aplica. También hay miedo, sobre todo del partido gobernante de Cataluña, y si nos fijamos en la situación catalana, existe una especie de miedo manipulado por demagogos. La actitud de Pujol y su gobierno confunde al personal, porque a veces son intransigentes y a veces son humanitarios. ¿Me puede dar un ejemplo de intransigencia y otro de humanitarismo? Un ejemplo de intransigencia es cuando dicen que en Cataluña el musulmán es difícil de integrar porque es musulmán, o cuando Marta Ferrusola defendía las iglesias. Y otras veces les sale la vena humanitaria, como cuando Pujol va a Osona y dice que se tiene que apoyar a los inmigrantes, porque han sufrido, y que poco a poco ya se irán integrando...En el fondo lo que ocurre es que Pujol y compañía conocen perfectamente la trastienda política y económica del fenómeno de la inmigración. Saben que Cataluña y Europa son sociedades totalmente envejecidas que necesitan a los inmigrantes. Lo saben perfectamente. Lo que pasa es que no tienen valor para explicar las cosas correctamente, tal y como son, porque saben que entonces pierden votos. ¿Qué hacer?La única solución es dejar de explotar al tercer mundo. No hay más. Y dejar de apoyar a esos grupos y regímenes fascistas y corruptos que hay en el tercer mundo e implantar y hacer difundir los valores universales, los derechos civiles de los países del Norte. De esta manera, habrá una esperanza de mejora social y política de esos países y no habrá necesidad de inmigración. Nadie emigra por capricho. Mucho me temo que los gobiernos de Occidente no están por la labor.¡Claro que no! Porque les interesa, porque la riqueza llega aquí. Así, si no están por la labor, luego que aguanten el chaparrón. Si están dispuestos a que vengan inmigrantes, luego han de ser consecuentes; porque provocan esta situación entre la explotación occidental y los regímenes de allá. No culpo totalmente a Occidente, sino también a los corruptos pero, por favor, ¿quién protege a los corruptos?, ¿quién les envía armamento para mantenerse en el poder, eh? ¿Hay futuro?Yo estoy esperanzado. El fenómeno de la inmigración es como un terremoto. El terremoto está pasando, luego vendrá la réplica, luego las sacudidas pequeñas y luego se estabilizará la situación hasta que llegue una crisis económica y vuelva el terremoto, y pagarán el pato los inmigrantes. Así va la cosa.¿El futuro depende de cómo afrontemos ahora el terremoto?Evidentemente, el futuro pasa por la gente que está trabajando ahora. De lo que hagamos y de lo que dejemos de hacer. Y, sobre todo, de lo que seamos capaces de transmitir a nuestros hijos.
